Estamos en un espacio abierto, el patio, yo me encuentro sentada junto
a cuatro niños, en ese momento me doy cuenta que tengo la mano sucia, y así
lo exclamo, lo que no sabía es que esa simple comunicación entre ellos y yo iba
a originar el descubrimiento posterior.
En ese momento PA, que estaba jugando con la
tierra, se acerca a mí con un puñado de arena en la mano, yo leo en su mirada
que quiere darme ese montoncito y abro
mi mano derecha sin pensármelo, PA hace
caer la tierra sobre mi palma. Coloca varios puñados de tierra y luego me la
quita, repite esta acción varias veces mientras yo estoy en silencio, el resto
de niños que hay alrededor miran , PG
y R se disponen a hacer lo mismo,
colaboran con PA a colocar arena
sobre mi palma. Ellos están imitando un juego que solo tiene un
porqué en PA y me dispongo a
descubrirlo.
- A las arenillas, me contesta.
( Arenillas, es una palabra muy usada por mí, cuando jugamos en la
tierra). Sorprendida y entre risas por escuchar esa palabra le hago la
siguiente pregunta:
- ¿Y qué haces con la arenilla?
- ¡Lavándote la mano que la tienes sucia! Me responde.
Os podeís imaginar mi cara de sorpresa ante la respuesta tan creativa
de una niña de 2 años y medio. Ante una situación, crea con los
recursos naturales que tiene a su alrededor
un juego simbólico, lavar las manos. Los montones de arena se habían convertido
por un instante en jabón y tiraba luego la arena de mi mano al suelo a modo de agua que se resbala entre los dedos
para quitar la espuma. Era su juego, su momento, su representación.
Yo la dejo que continúe
en su juego y Cl que también quería
participar para colocar algo sobre la palma de mi mano, pero la arenilla no le
convencía, coloca una flor de Jazmín, y entonces ocurre otra experiencia.
-¡Una flor de Jazmín, Cl!
Exclamo. ¿Puedo olerla? Le pregunto.
Y ella callada, abriendo sus ojos y sonriendo ante mi sorpresa, mueve
su cabeza contenta en señal que sí. Me animo a olerla.
-¡Que bien huele Cl!, ¿donde
la encontraste?
Se gira y mira hacia el
lugar, señala con su pequeño dedo índice
al mismo tiempo que con palabras expresa “allí”.
En ese instante, el juego
cambia, la arenilla ya no es del interés de PA ni de PG ni de EL, se van animadas junto a Cl a buscar más flores de Jazmín. Regresan y me las muestran, quieren que huela
sus flores y yo lo hago encantada, comienzan
a colocarlas todas en un cubo. Disfrutan recogiéndolas y oliendo, están
contentos ante el descubrimiento que han hecho y disfrutan. De repente PA me mira y me dice:
-¿voy a probarla, Laura,
Vale?
- Si claro PA puedes
olerla, creo que necesitaba de mi respuesta y mi mirada para realizar algo que tenía
el deseo de realizar, pero no la suficiente confianza por ser algo nuevo para
hacerlo. Se anima y se la coloca en la nariz– ¡huele súper genial! Exclama.
La arenilla y una flor, lo simple, la vida, lo natural, nos ofrece y les ofrece a los niños una estimulación
sensorial en máxima potencia. La arenilla y la flor, el niño la interioriza y la hace suya porque la
toca, la huele, la percibe, la disfruta, crea e inventa con ella mil maneras de
hacer, pues no tiene una estructura establecida. La naturaleza provoca unas
experiencias que nunca podrán ser comparables a lo que da un aparato
electrónico o un juguete estructurado. Los niños necesitan de su mundo exterior
para conocerlo, vivirlo, experimentarlo y disfrutarlo. Además de los recursos
que en ella encontramos, los espacios abiertos, ayudan a la oxigenación
cerebral, tan importante para el aprendizaje.
Cuando un
niño se encuentra ante una pantalla, le privamos de tiempo de juego libre,
espontaneo y creativo. En numerosas ocasiones he observado cómo niños menores
de tres años están expuestos a la utilización de móviles y tablets como un
juguete, deslizando su dedo sobre la pantalla, eligiendo él mismo que video
musical lo entretendrá en ese momento. No nos olvidemos que un móvil tiene la finalidad de
ayudar a la comunicación entre dos personas que se encuentran en espacios
diferentes. Y en la mayoría de casos,
actualmente, los estamos utilizando para justo lo contrario, una actividad individual y solitaria infantil,
un aprendizaje sin vida. A la larga obtenemos que los niños se muestran
inquietos, que les cuesta conciliar el sueño, están más nerviosos… y es que, una
sobre estimulación de soportes digitales a largo plazo influirá en la capacidad
de atención, en la paciencia, pues estamos originando el aquí y ahora inmediato
y en la creatividad.
Los niños menores de tres años tienen una mente absorbente
de su mundo externo a modo de esponja,
pero como todas las esponjas solo son capaces de absorber cierta capacidad de líquido,
aquella cantidad para la que están capacitados. Sabemos que el cerebro tiene una gran
plasticidad neuronal y durante los tres primeros años, está preparado para
realizar millones de conexiones sinápticas entre las neuronas. Para ello es
importante estimularle con propuestas atrayentes pero acordes a su momento
evolutivo. Los estímulos que en su cerebro provocan las pantallas digitales son
rápidos y difícil de procesar para un cerebro en desarrollo como el infantil. Hay que saber seleccionar muy bien que se le
ofrece. Vivimos en un mundo con mucho sobrestimulo, no ofrezcamos a los niños
una sobre estimulación extra que no necesitan, ofreciéndole un recurso de
entretenimiento que esta originado y
pensado para atraer a los adultos,¡ no lo olvidemos!.
El
desarrollo es natural y gradual, demos a los niños la posibilidad de conocer, descubrir la realidad y experimentarla con las cosas reales, dejemos que los niños
se asombren con el chasquido de las hojas al pisarlas, con la sensación que les
produce la arena de la playa en los pies, con el olor a tierra mojada cuando
llueve en la montaña, con la belleza de
las flores, la experiencia irrepetible de salpicarte cuando saltas sobre los
charcos en un día de lluvia y con la sorpresa al encontrar un caracol o una
hormiga al pasear por el jardín.
Los aparatos digitales son inertes, ¡La vida los
está esperando FUERA! Y a ti también.
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